martes, 3 de junio de 2014

Nudo

Estos días vivo con un nudo constante en el estómago, por una cosa u otra. Trato de hacer las cosas bien, de que todo vaya como debe ir, pero eso no va a ser posible. A veces siento que mi vida está condicionada por hacer felices a los demás, asegurarme de no ofender a nadie, andar con la meticulosidad del gato entre figuras de porcelana.

Pero ¿y si el gato quiere sentarse y no tiene espacio? Debe aguantar de pie para no tirar ninguna figura. ¿Y si el gato tira sin querer alguna? Reprimenda para él, pobre, que sólo quería sentirse cómodo.

Me resulta difícil imaginar al gato a punto de arañar tu mueble favorito tramando perversos planes en su cabecita a cerca de cómo destrozar el sofá del salón. Probablemente él sólo quería marcar su territorio inocentemente.

Y lo más seguro es que tras haber sido sorprendido por el ladrador perro del vecino que tanto miedo le da, esas riñas le hagan sentir peor. O tras la repentina caída al intentar saltar de un balcón a otro. O simplemente tras la decepción de la caza fallida de una mosca.

Pobre, que sólo quiere hacer su vida normal de gato basada en dormir y comer, y sólo ha conseguido un nudo en el estómago. Y luego se preguntan por qué está siempre hecho una bolita en su escondrijo.

Bonito gatito, duerme gatito, bien, bien, bien...

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