domingo, 19 de abril de 2015

Noche.

Desconectar. Escuchar tan sólo nuestros latidos sobre la arena y el rugido de las olas del mar. No ver más que la tenue luz de la luna reflejada en tus pupilas y sentir los pelos erizados de tus brazos. Respirar. Respirar profundamente y que el aire te cale tan dentro que alcances a oler hasta los granos de sal perdidos en las aguas. Oscuridad, silencio, calor, frescura. Las cosas tan sencillas que me aporta una noche como las que solíamos tener, y lo viva que me hacían sentir. Y esta noche entre mis sábanas recuerdo el sabor de aquellas. Y esta noche en tu ausencia y la de la playa cuento los segundos para repetir. Y repetiremos. Para comernos y sentirnos, envueltos en la brisa de verano.


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